Al caminar por esas calles uno encuentra sorpresa tras sorpresa: La mazmorra que nos recuerda la crueldad medieval, las construcciones militares que nos recuerdan que durante el reinado de Francisco I la ciudad era una fortaleza militar debido a su envidiable posición estratégica entre el mar y tierra adentro.
También encontramos las viejas casas de la Rue Grande, que nos remontan a los siglos 17 y 18, cuando muchas familias acomodadas vivían en esa ciudad, y por supuesto no pueden faltar las iglesias en un lugar tan antiguo.
Pero no olvidemos que en este lugar, además de Chagall que lo hizo su residencia, vivieron esporádicamente otros artistas como Picasso, Miró e incluso Jacques Prevert. En la actualidad, una gran cantidad de artistas viven en el lugar, ya sea definitivamente o por temporadas, y parece que la peregrinación artística a este lugar se ha convertido en un rito obligado de los nuevos artistas.
Saint-Paul de Vence no es hermoso únicamente por su bella arquitectura y fascinantes calles y edificios, sino porque desde ella se tienen algunas de las más hermosas vistas del sur de Francia. Por eso tantos pintores lo han establecido como su “mirador” favorito para desarrollar su arte.