 - El grupo de invitados disfrutó de la hospitalidad y belleza de Costa Rica.
No. Mi aventura en Costa Rica empezó justo al día siguiente cuando el señor Mario Badilla del Instituto Costarricense de Turismo -ICT- y Luis Carlos Núñez, guía de la agencia de turismo receptivo Costa Rica Ecológica, pasaron a recogernos para llevarnos a un lugar llamado Turu Bari, un increíble parque tropical en donde nos recibió su director comercial, el ingeniero Marco Garrido.
Turu Bari, que en lengua huetar significa “río de claro de luna”, es el parque tropical más grande y más completo de América Central, ubicado en un terreno de 200 hectáreas. Ahí pueden verse mariposas, un fósil de árbol, colecciones botánicas, la historia cultural de Costa Rica, se puede pasear por el bosque y se pueden realizar emocionantes tours de aventura, que fue precisamente lo que nosotros hicimos. Nos subimos a la tirolesa -que allá le llaman canopy- y fuimos desplazados de un lado a otro por la jungla hasta llegar al “Tarzan Swing”, adrenalina pura, te lanzas en caída libre y casi para llegar al piso el resorte te sostiene y te columpias a gran velocidad hasta alcanzar la copa de los árboles. En dos ocasiones estuve a punto de saltar, pero el corazón me latía a mil y no me animé, ahora me arrepiento, si tan sólo hubiera sabido lo que venía después: volamos como superman en el Cable Sensacional. Bien sujeto de todo el cuerpo, uno se desliza a 90 kilómetros por hora atado a un cable de 1,200 metros de largo, las copas de los árboles se ven lejos allá abajo, es una experiencia indescriptible, hay que vivirla y sólo se puede hacer en Turu Bari.
 - Parte del grupo de prensa mexicana, acompañados por Alfredo Cabezas, editor de Teletica Canal 7, disfrutando de la sobremesa en el campo.
Por la noche, el grupo integrado por mexicanos, un uruguayo, estadounidenses y una canadiense, regresamos a San José, pues al día siguiente debíamos salir temprano para ir al volcán Poás. Por un camino ascendente rodeado de cafetales, llegamos hasta el poblado de Poasito, donde el restaurante Fredo Fresas, nos tenía preparado un desayuno que nos sirvieron en la Cámara de Turismo del lugar, ahí vimos un interesante video del volcán. Más tarde, caminando llegamos a la cima del mismo, donde se encuentra su cráter de 1,320 metros de diámetro. Este volcán, se ubica en el Parque Nacional Volcán Poás, con sus 5 mil hectáreas de bosques. Después de esta visita fuimos a Colinas del Poás, donde comimos y nuevamente disfrutamos del canopy en 14 cables. Por la tarde nos llevaron a la finca cafetera Doka Estate en Alajuela, para conocer el procedimiento para la realización del café, uno de los principales productos del país. Costa Rica mide 51,100 kilómetros cuadrados y tiene cuatro millones y medio de habitantes, se divide en siete provincias: Guanacaste, Alajuela, Heredia, Cartago,
Limón, San José y Puntarenas. Cuatro de ellas se encuentran en la gran área metropolitana ubicada en el Valle Central. El 70 por ciento de la población vive en esa zona, tan sólo en San José, la capital, un millón de personas. Es una ciudad pequeña cuyo edificio más alto, el Banco Nacional, apenas cuenta con 17 pisos.
De San José vale la pena visitar el Mercado Central, ubicado en el corazón de la ciudad constituyendo uno de los centros de comercio más visitados del país. El él se venden desde hierbas medicinales hasta souvenirs. Fue fundado en 1880 y es considerado patrimonio histórico cultural.
Caminando por las calles josefinas llegamos hasta el Parque Central, ubicado justo frente a la catedral. También ahí, cruzando la calle se encuentra el Teatro Mélico Salazar y no muy lejos están el Hotel Costa Rica y el Teatro Nacional, considerado el edificio más importante del país, construido por ahí de 1880, tiene una capacidad para 1040 espectadores y en su interior hay hermosas esculturas.
 - Ricardo Olivares, Jorge Rodríguez, Alicia Torres, Luis Carlos Núñez, Paul Orizaga, Darío Queirolo y Arturo Trejo, frente al Teatro Nacional de San José.
Después de visitarlo nos llevaron a los Museos del Banco Central, mejor conocido como Museo de Oro Precolombino, con sus exhibiciones de artes visuales temporales y de numismática. Todo inició en 1950 cuando el Banco Central de Costa Rica se dio a la tarea de recolectar objetos arqueológicos de oro para conservar el patrimonio cultural costarricense.
Esa tarde comimos en el restaurante El Patio, del hotel Balmoral, con Mario Badilla y Freddy Lizano del ICT , Luis Carlos y el señor Luis Fernando Sánchez, presidente de Costa Rica Ecológica, así como el gerente del hotel, Giovanni Graciano y la señora Maureen Clarke, alcaldesa de San José.
El grupo fue dividido, la canadiense y los gringos se fueron por un lado y los latinos por otro. A nosotros se nos unieron Rodolfo González, Jonathan Granados, Mario Montero y Alfredo Cabezas, de la televisora de Costa Rica, Teletica Canal 7, del programa Siete Días, y junto con Mario, Freddy, Adrián Soto -fotógrafo del ICT- y Marco Garrido, de Turu Bari, nos lanzamos a una aventura más: Puriscal, el cuarto cantón de la provincia de San José, en donde nos esperaban los señores Enrique Montoya, presidente municipal; Ricardo Gutiérrez, presidente de la Cámara de Turismo; Lilian Díaz, también de la Cámara, y Francisco Esquivel, mejor conocido como “Bola” (debido a una anécdota de su niñez,) quien es fiscal de la Cámara y propietario de la empresa Bola Aventuras, que nos proveyó de los vehículos 4X4 en los que viajamos ese día y el siguiente.
Lo primero que hicimos a bordo, fue trasladarnos hasta un río, a orillas de éste, nos sirvieron un espléndido desayuno al estilo de los campesinos costarricenses. ¡sencillamente exquisito! Luego emprendimos el viaje a toda marcha por caminos de terracería. Nos movíamos de un lado a otro adentro del vehículo. Por un momento recordé el juego de Indiana Jones de Disneylandia, era como vivirlo de nuevo, pero magistralmente superado por la belleza natural y real de Costa Rica, no era algo sacado del ingenio de los expertos de Disney, era de verdad, porque en Costa Rica no hay ingredientes artificiales. Fue un paseo súper emocionante por el “Camino de las Mulas”, construido en 1776 para llegar a Panamá.
A toda marcha nos dirigimos a lo alto de una montaña hasta Zapatón, única reserva indígena existente en la provincia de San José, visitamos una escuela donde nos recibieron las autoridades de la comunidad, tuvimos un encuentro con los niños huetaras y las mujeres del lugar nos ofrecieron una deliciosa comida típica, que nos sirvió para tomar fuerzas y aguantar la fascinante caminata que esa tarde emprendimos por la selva en el Parque Nacional La Cangreja.
Reunidos todos con un guía experto nos internamos en la maleza en un día color gris y a medida que avanzábamos, se escuchaban los truenos en el cielo, hasta que las nubes no pudieron contenerse más y soltaron su agua con toda la fuerza posible. La lluvia nos sorprendió en el corazón de aquella selva exuberante y la recibimos con agrado. Fue una gran experiencia, caminamos cuesta arriba, cuesta abajo, en varias ocasiones cuando nos acercábamos a algún claro, pensábamos que estábamos por llegar, pero de pronto el terreno se tornaba nuevamente boscoso y empedrado. Cuando terminamos, hora y media más tarde, estábamos empapados, pero con la satisfacción que da el poder decir “caminé en la selva bajo la lluvia”. Nuestros anfitriones nos esperaban con fruta y algo de beber. La hospitalidad costarricense, no deja de sorprendernos. Los ticos son verdaderamente maravillosos con sus visitantes.
Todavía mojados, abordamos nuestros poderosos 4X4 y continuamos el recorrido por esos sinuosos caminos hasta llegar al hotel donde habríamos de pasar la noche, el Paraíso Carlissa, un establecimiento de montaña en plena selva. Nos ofrecieron una rica cena acompañados por un trío, antes de caer rendidos en nuestras camas.
Al día siguiente, después de un exquisito desayuno al estilo tico en donde el protagonista es el famoso “gallo pinto” (arroz con frijoles), emprendimos un tour de aventura por los ríos Tulin y Lanas. Nuestro amigo Bola y sus compañeros, nos dieron una muestra de lo que sus vehículos pueden hacer atravesando el río a toda velocidad, lo divertido fue que nosotros participamos también.
Haciendo un poco de turismo rural comunitario, comimos en casa de una amable familia rodeados de un paraje boscoso y luego nos llevaron a un lugar llamado Silencio del Campo en Bijagual de Turrubares, para mostrarnos sus instalaciones de camping y pescar unas tilapias.
M*s entrada la tarde llegamos al Parque Nacional Carara, donde nos dijeron que podríamos ver una cascada...claro que la vimos, pero antes tuvimos que caminar y caminar y caminar selva abajo hasta llegar al sitio desde donde nos detuvimos a contemplar la magnífica caída de agua. Lo duro fue el regreso, caminamos y caminamos y caminamos selva arriba, nos cayó la noche antes de llegar hasta el punto de inicio. Cansados, pero satisfechos con nuestro paseo, nos refrescamos con una bebida. Y llegó el momento de la despedida, el Bola y sus compañeros debían regresar a Puriscal, y nosotros continuar nuestro viaje, pero nuevamente a bordo del autobús conducido por el bueno de Marco, quien ya nos estaba esperando ahí.
Ya era tarde cuando llegamos a Punta Leona, un espectacular hotel de playa donde a la mañana siguiente teníamos la opción de realizar canopy.... Pero no lo hicimos, porque preferimos organizar un divertido encuentro de fútbol: Costa Rica contra México (y Uruguay), yo la única mujer en la cancha, pasé m*s tiempo pendiente de que ninguno de estos hombres me tirara o pateara, que de anotar goles. El marcador final quedamos...como amigos. Después de la foto de rigor de todos los “futbolistas”, nos lanzamos a la playa con su maravillosa arena blanca y suave y su mar tranquilo, rodeado de montañas.
Salimos hacia Caldera, donde nos llenaron la mesa de mariscos. Después nos fuimos al muelle de Puntarenas para reencontrarnos con Luis Carlos y el señor Luis Fernando Sánchez, quienes nos tenían listo un yate, el Bay Princess, de la empresa Bay Island Cruises (de Costa Rica Ecológica), para emprender la navegación por el Golfo de Nicoya, hasta llegar a la Isla Tortuga. A bordo disfrutamos de música en vivo y bebidas refrescantes, por lo que no nos importó la lluvia torrencial que caía. Lo bueno fue que para cuando llegamos a la isla, el agua había cesado. Fue una noche mágica, nos recibió una fogata como única luz., caminamos por la playa sin ver nada, la sensación de estar en una isla desierta fue increíble; al cabo de unas horas nos sirvieron una deliciosa cena. Nuevamente a bordo del Bay Princess, hubo quienes se durmieron y otros que nos quedamos contemplando las estrellas.
Al llegar a Puntarenas nos despedimos de Luis Carlos, el señor Sánchez y Mario Badilla. Y al cabo de tres horas llegamos a San José a las 4:30 de la madrugada. Afuera de las instalaciones de Teletica dejamos a nuestros compañeros de la televisión y el resto pasamos lo que quedaba de la noche en el Balmoral. Ahí nos despedimos de Freddy Lizano y de Adrián Soto, el fotógrafo del ICT.
Pasaba del medio día cuando otro funcionario del ICT, Oscar, nos pasó a recoger para llevarnos a la provincia de Cartago, en donde vive gente amable y agradable. Pasamos por la ciudad del mismo nombre, antigua capital de Costa Rica, y continuamos hasta el hotel Río Perlas, ubicado en el Valle de Orosi, donde comimos antes de trasladarnos al aeropuerto para regresar a México.
Así terminó mi aventura en Costa Rica, un país pequeño en territorio, pero grande en belleza. Sus ciudades, playas, volcanes, bosques y Parques Nacionales son hermosos, pero sin duda alguna, lo mejor de todo es su gente. Costa Rica es uno de esos países que se conocen y se quedan en el corazón de quien los visita, será por sus paisajes, será por sus habitantes, o será porque Costa Rica es naturalmente el país sin ingredientes artificiales.
Por Laura Ibarra
 - Rodolfo González, Alfredo Cabezas y Paul Orizaga, a bordo del Bay Princess.
|