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Perfiles del Turismo

Sueño turístico

 

Reivindicando su promesa de campaña de hacer del turismo una prioridad, el presidente Felipe Calderón asegura que ahora sí, por fin, hay voluntad para que opere una fructífera coordinación entre todas las instancias involucradas. Para desvincularse de esa nulidad foxista que fue la Comisión Intersecretarial de Turismo, el esfuerzo calderonista arranca como Consejo Consultivo de Turismo (CCT), al impulso de un pretendidamente firme mandato de que sean los titulares de las dependencias los que participen y no funcionarios menores.

 

Se trata del enésimo esfuerzo por consolidar el gran potencial turístico de México, y que bajo diversos nombres se viene dando desde tiempos de Adolfo Ruiz Cortines. Por los variadísimos atractivos del país, los flujos turísticos en más de medio siglo han crecido a pesar de medidas gubernamentales para promoverlos, no gracias a ellas.

 

La falta de concreción mueve al escepticismo. El meollo, como ya le he comentado ampliamente, radica en que sin una voluntad y constancia presidenciales a toda prueba, hay demasiados egos burocráticos involucrados para que funcione una verdadera coordinación interinstitucional. Por eso Vicente Fox fracasó en turismo, al igual que media docena de antecesores. En el contexto de hoy de una lucha a muerte contra el narcotráfico, con retenes militares por doquier, trate de imaginarse las tribulaciones de un turista cinegético para introducir armas.

 

 

Los turisteros siguen exigiendo cosas como IVA reembolsable y tasa cero para turistas extranjeros, eliminación de visas para turistas de Brasil y demás países del Mercosur y otras, pero cuando Hacienda enfrenta prioridades de vida o muerte como la reforma fiscal y la elevación de la recaudación, es difícil visualizar a Agustín Carstens preocupado por mecanismos para la devolución del IVA, por más que el SAT de José María Zubiría ya habla de licitar el proceso. La secretaria de Relaciones Exteriores, Patricia Espinosa, todavía no le halla la cuadratura al círculo en la definición de la política exterior. De ahí su consternación al recibir instrucciones de Calderón de ocuparse personalmente de diseñar, junto con Gobernación, “mejores medidas” para extranjeros que provengan de Centro y Sudamérica.

 

Mueve al escepticismo el que, en un contexto de reducidísimos recursos presupuestales, Calderón destine 109 millones de dólares (no se explica si es adicional al presupuesto promocional de Sectur, ni el lapso en que se aplicarían) para “recuperar la imagen de México”.

 

El concepto de recuperar implica que ya se había perdido. Para ubicar la cifra, resulta inferior a los presupuestos anuales de Jamaica, Bahamas o Australia. Nueva York, que recibe cuatro veces más turistas internacionales que México, gastará 100 millones de dólares en un esfuerzo promocional sin precedente.

 

Concediendo que exista la férrea voluntad de que participen activamente dependencias como SHCP, SCT, Segob, SRE, Semarnat, SSP, Sedena, Marina y otras, aparte de Sectur, Fonatur y hasta la Comisión Federal de Electricidad, el talón de Aquiles de la pretendida coordinación son los gobiernos estatales y municipales, emporios regionales que siempre dicen sí pero nunca dicen cuándo.

 

Nadie duda que en el fondo, y al grito de guerra de que “el turismo es una prioridad fundamental para el desarrollo económico y social del país”, Calderón está convencido de su estrategia turística. Pero la realidad podría resultar muy distinta, y esa realidad incluye pugnas por el poder y representatividad entre turisteros, desde la Confederación Nacional Empresarial Turística de Miguel Torruco hasta el Consejo Nacional Empresarial Turístico de Gordon Viberg.

 

 

Si es cierto que México hoy recauda 10,000 millones de dólares del turismo, menos los 5,000 millones que nuestros turistas gastan en el extranjero, entonces la meta calderonista de 13,000 millones al final de su sexenio se percibe como poco ambiciosa. Seguramente Calderón dará muchos más detalles sobre su estrategia en el Tianguis de Acapulco este mes, pero bastará poco tiempo para saber si su entusiasmo turístico sólo fue parte del embellecimiento de sus primeros 100 días en Los Pinos.

 

En el sector de la hospitalidad, tras el bloqueo perredista del eje Reforma-Juárez, que ocasionó pérdidas a la hotelería de la zona por varios miles de millones de pesos en 2006, parecería temerario abrir nuevas propiedades justamente ahí. Y sin embargo, abrió sus puertas en Reforma, frente a la glorieta de Colón, la primera unidad en México de la cadena Embassy Suites.

 

El gremio de la hotelería defeña quedó muy fragmentado después del bloqueo, cuando la Asociación de Hoteles de la Ciudad de México, que inexplicablemente todavía encabeza Gonzalo Brockmann, incumplió patéticamente su deber y su promesa de defender los intereses de los agremiados de la zona, con medidas legales que nunca llegaron.

 

A pesar de una agrupación tan blandengue, no gracias a ella, el Embassy Suites logra así, contra viento y marea, concretar un proyecto que se venía cocinando desde antes de los bloqueos, que estuvieron a punto de frustrarlo. La propiedad es gestionada por su propietaria, Landmark Hotels Group, la administradora con sede en Virginia Beach, Virginia, que preside Raj Jain, y cuyas marcas franquiciadas incluyen Crowne Plaza, Clarion, Clandlewood Suites, Comfort Inn y Howard Johnson.

 

A su vez, Embassy Suites como marca pertenece a la familia Hilton, cuyo CEO es Steve Bollenbach y con más de 2,800 hoteles con casi medio millón de habitaciones en 80 países y 150,000 empleados, con otras marcas como Hilton, Conrad, Doubletree, Hampton Inn, Hampton Suites, Hilton Garden Inn, Homewood Suites, Hilton Grand Vacations y la marca de superlujo, Waldorf Astoria Collection. Hace unos días, la empresa vendió su cadena Scandic en 1,100 millones de dólares.

 

Para reforzar el compromiso de la inversión de 40 millones de dólares, asistieron a la inauguración John Blanco de Landmark, y Shawn McAteer y Rodolfo Amaya de Embassy. El propio Blanco destacó la intención de Landmark de hacer de este hotel el mejor de la cadena, incluyendo en todas las suites, aparte del tradicional confort que ofrece sala-recibidor separado de la recámara, la más avanzada tecnología, desde pantallas planas de 32 pulgadas hasta conexión inalámbrica gratuita a Internet y otras amenidades.

 

Otras aperturas hoteleras recientes incluyen dos de la cadena Marriott, cuyas operaciones dirige desde Miami Alex Stadlin. Continuando con su estrategia de remodelar y modernizar unidades ya existentes, Marriott ya tiene presencia en Ixtapan de la Sal y Torreón, para un total de 12 unidades en México. En el balneario-spa del estado de México, la unidad de la cadena de Bill Marriott, que por cierto es propiedad de empresarios toluqueños, se convirtió de golpe en el primer hotel de la plaza, y en la urbe lagunera, el Marriott Torreón, ubicado cerca del aeropuerto, ofrece 152 de las más lujosas habitaciones de la plaza.

 

En México, Marriott ya integra un portafolio de 2,880 habitaciones en su docena de unidades de cinco marcas, incluyendo los JW Marriott de Polanco y Cancún, los CasaMagna de Vallarta y Cancún, la unidad de Puebla, el Ritz-Carlton Cancún y otras unidades en Monterrey y Tijuana. Para este año, tiene programada la apertura de otros tres hoteles más en nuestro país.

 

Con ventas totales de 12,200 millones de dólares en 2006, Marriott anticipa un avance en ventas de más del 9% este año, gracias al crecimiento en unidades y habitaciones de la cadena, principalmente a nivel internacional. Sus utilidades netas llegaron a 712 millones de dólares, 16% más que 2005. En 2006, aumentó su portafolio en 32 nuevos hoteles, de Roma a Shanghai, para llegar a 2,800 unidades en 68 países, con un total de 150,000 empleados.

rmena@eleconomista.com.mx

 
 
 
 
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