Por Carlos A. Robinson
LUZ y A FUERZA...
Es indudable que muchos sindicatos en México tienen una muy buena dosis de poder y capacidad de defensa de ciertos derechos para los trabajadores legítimamente conquistados a través de décadas, pero también es increíble que en nuestro país las cosas se hagan así. El operativo realizado para evitar que el centro del país se convirtiera en rehén de los electricistas, se condujo como si efectivamente se tratara del rescate de una víctima aún no secuestrada.
Apenas hace unas horas la Policía Federal Preventiva estaba iniciando las primeras oleadas e incursiones para tomar las oficinas generales de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, muy cerca del céntrico corredor turístico de la Ciudad de México. Simultáneamente se tomaban también otras instalaciones estratégicas como oficinas y subestaciones clave de distribución de energía que están repartidas en los Estados de México, Hidalgo, Puebla y Morelos.
Nadie esperaba que el gobierno publicara el decreto de extinción y liquidación prácticamente al tiempo que los granaderos del Estado ya estaban formaditos dentro y fuera de los inmuebles, aprovechando la presencia policíaca presente en los alrededores desde la mañana, pero la que casi todo mundo confundió con la que estaba apostada cerca del Ángel con motivo de la virtual calificación de la Selección Mexicana de Fut al Mundial del año entrante.
Pero si apenas unos cuantos días antes se estaban ventilando en esos mismos rumbos y escenarios las acostumbradas trifulcas internas por el “poder” (o más bien por los millones en juego) entre líderes sindicales y gobernantes, entre marchas de sindicalistas afiliados al SME y de otros que ni siquiera pertenecen al gremio de los afectados, pero dispuestos a colgarse de la visibilidad mediática, y para justificar el embolso de las cuotas que puntualmente arrebatan a los trabajadores.
La liquidación de LyF vendrá a desquiciar durante unas dos o tres semanas, aún más, el tránsito de nuestra ciudad y sin duda dará lugar a toneladas de marchas multitudinarias, pero los verdaderos alcances de fondo todavía están por verse.
De entrada, le apuesto a que la mayoría de los empresarios y usuarios festejaremos la desaparición de una de las más ineptas, corruptas e ineficientes empresas de México, calificada así no sólo por los que durante años hemos sufrido abusos y negligencia en el servicio y cargos, pero también por evaluaciones internacionales que miden la competitividad de la empresa y la relación del valor adquirido respecto a la calidad recibida.
Habrá que ver si la Comisión Federal de Electricidad (CFE) podrá cumplir con todos los acuerdos y contratos celebrados antes de esta requisa disfrazada. Hay muchos trabajos pendientes de reparación y extensión de las redes de cableado expresamente celebrados para el desarrollo de la infraestructura fundamental del turismo, los cuales de no cumplirse en tiempo y forma, podría provocar la cancelación de los planes de inversión para nuevos corredores turísticos. Existen casos documentados de que, en “condiciones normales” LyF le tomaba hasta tres años en poder brindar el servicio a las empresas solicitantes.
Como hace poco decíamos aquí con motivo de la desaparición de Sectur, todos los cambios habrán de ser bienvenidos siempre y cuando estos arrojen cambios sustanciales y beneficios tangibles. Por lo pronto, ya estuvo bueno de raterías, ineficiencias y burocracia subsidiada con nuestros propios bolsillos.
crobinson_c@prodigy.net.mx
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