Por Carlos A. Robinson
¡VIVE MÉXICO, VIVA HOLLYWOOD!
Ha quedado atrás la alerta epidemiológica, y en el presente, las ruinas de una economía ya de por sí vapuleada. Las personas deambulan nuevamente con su acostumbrada expresión inerte tratando de retomar, algunas, su rutina diaria y actividades cotidianas.
El problema es que junto con el tapabocas y el gel antiséptico, muchos perdieron sus negocios y fuentes de trabajo. Uno de cada tres, del sector turístico.
Bastantes fueron los días perdidos en la ignominia sanitaria, casi como una extensión de Semana Santa y de los socorridos días feriados por las fiestas de Mayo, mientras que los políticos se daban a la tarea, cada uno, de tratar de resarcir el caótico rezago en sus correspondientes ámbitos de responsabilidad.
Ahí tienen al Secretario Lujambio echando mano del obviado camino de simplemente “recorrer” el calendario escolar sin siquiera pensar cuáles serían las reacciones de otros intereses sectoriales. Ahí tienen también al Secretario Elizondo peleando en representación de los intereses de grandes consorcios turísticos y negociando con su contraparte diez días más de vacaciones para los chamacos.
Como si la recuperación y “salud” de la industria turística dependiera de una semana y media de vacaciones a sabiendas de que el verdadero problema depende de otros factores, como el económico y el laboral, que nos tienen de rodillas desde el último tercio del año pasado. Como si diez días más de clases pudieran compensar nuestro crudísimo atraso histórico en la educación que tiene sumidos a millones de mexicanos en la ignorancia y sometidos a la vulnerabilidad social desde hace ocho décadas.
Pero llega “Vive México” el estreno del año; la fábrica de sueños y el héroe salvador concebido sobre las rodillas y una gran carrera artística de quince días, que nos costará de nuestros bolsillos unos mil quinientos millones de pesos. Quizá la producción más cara de la historia.
Con esa suma, bien podríamos filmar unas veinte o veinticinco películas con los mejores directores de la cinematografía mundial y con todos los efectos especiales que pueda imaginarse. Sólo un detalle: No hay dinero para la pesera, ni para comprar los boletos, ni las palomitas y refrescos, ni tampoco para el taxi de regreso.
Los protagonistas, Barbara Mori, Ana Claudia Talancón, Aleks Syntek, Fher y Alex de Mana, Emmanuel, Chabelo, Benny Ibarra, Dana Paola, René Stickler, Sebastián Rulli y Pati Chapoy, entre otras “celebridades”. ¡Vaya reparto estelar! Creo que ahora sí me voy a ir de vacaciones el verano completito, pediré autógrafos y nunca me perderé un capítulo de sus telenovelas o chismosas tertulias.
Con ese tipo de inversiones, podríamos cubrir las necesidades más indispensables de unos 500,000 niños durante un año completo, dándoles nutrición, educación, esparcimiento (si bien no vacaciones) y hasta medicinas contra la susodicha influenza. Tal vez esta comparación no sea válida para muchos, pero mi desesperanza es inmensa ante la ceguera e ineptitud de pseudo-publicistas y funcionarios creyentes quienes claramente no entienden que los mexicanos no viajarán como resultante del miedo ante la influenza, sino que simple y llanamente no hay fórmula mágica ni frases bonitas para reactivar el turismo doméstico porque no es una cuestión de convicción sino de posibilidad.
Dice la sabiduría común que para verdaderamente solucionar un problema, se tienen que solucionar las causas en sí y no el problema como tal. Lo único que generan estas desafortunadas campañas “cliché” del sector oficial es ciertamente una mayor aspiracionalidad, pero que sin duda vendrá a exacerbar la frustración de los mexicanos quienes volverán a viajar sólo, y sólo cuando cuenten con la disponibilidad de recursos para hacerlo.
crobinson_c@prodigy.net.mx
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