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Por Carlos A. Robinson

¿PLACEBO TURÍSTICO?

Queda demostrada la fragilidad de la salud humana ante un organismo que puede replicarse con rapidez dos millones de veces en la punta de un alfiler. Paradójicamente, mientras más pequeño el enemigo, nosotros más vulnerables.

 

Debemos cuestionarnos con franqueza si hemos descuidado las normas de sanidad propias y comunitarias; si nosotros mismos podríamos haber propiciado las condiciones para que en algún tiradero de basura se cocinara este nuevo coctél biológico, o si simplemente este nuevo virus es una gratuita y desafortunada broma de la naturaleza.

 

Cualquiera que sea la respuesta, es vital aprender las lecciones y consolidarlas hacia un posible nuevo modelo de conciencia sanitaria más responsable y eficaz. Todavía está por verse si las autoridades del sector habrán de convertir el derecho universal a la salud en una realidad tan “democrática” como el virus mismo que no hace distingos de índole alguna.

 

Esta bizarra y atípica experiencia destapará conciencias en muchos niveles, tanto como para que ahora los países estén diseñando modelos preventivos y programas contingentes en ámbitos que van más allá de la naturaleza misma del problema. Si bien no es sorpresa que la influenza afectara la normalidad de lo cotidiano, nadie esperaba que en tan sólo dos semanas las medidas de “aislamiento social” pudieran llevar al borde del colapso a la ciudad más grande del mundo.

 

Mientras los epidemiólogos se rompen la cabeza, el Turismo ya ha sido infectado en su totalidad con consecuencias pandémicamente desastrosas. Y como la industria no puede ser vacunada ni tratada con medicamentos de diseñador, para cuando esta edición comience a circular ya habrá sido presentada la campaña de contingencia con la que las autoridades federales y de la Ciudad de México pretenden reactivar a nuestra influenzada industria.

 

La inversión será de mil quinientos millones de pesos, y aunque no conocemos todavía cuál será el concepto rector, puedo apostarle a que el mensaje necesariamente redundará en el obvio y carente de fuerza: “It is safe to travel to Mexico”.

 

Esta inédita foto fue tomada en una estación del Metro “rechinando de limpia”, como utópicamente locales y turistas deberíamos asumir esta ciudad.

 

Lo que me interesa más de este millonario esfuerzo es que las autoridades del sector hayan comprendido que no es sólo una cuestión de promoción intensiva. Y aunque se agradece la buena intención, sabemos de cierto que los viajeros retornarán a nuestro país simplemente cuando la psicosis diminuya y el brote haya dejado de ser noticia dominante.

 

El Turismo volverá a ser una industria rentable en México y en otros mercados cuando esté disponible una vacuna de eficacia comprobada clínicamente y las personas hayan sido inoculadas. Mientras, todas las campañas con sus respectivos derroches sólo son placebos y medicamentos mal recetados.

 

crobinson_c@prodigy.net.mx