Por Carlos A. Robinson
¿PÁNICO EN EL AIRE?
Dejamos inconcluso hace unos días el tema de la mega-fusión entre Northwest y Delta Airlines y creo que vale la pena retomarlo ahora para profundizar en algunas otras de las repercusiones de mayor alcance dada la dimensión del asunto. Nos concierne.
Si damos por cierta la nueva estructura de mando, así es más o menos como quedarán las cosas: el flamante Consejo estará integrado por trece miembros, de los cuales siete provendrán de la planilla mayor de Delta y cinco vendrán de la otra compañía, incluidos Bostock y Doug Steenland, bien conocidos por su altísima investidura en el gremio aeronaviero. Un director saldrá de la Asociación de Pilotos -el sindicato propiamente-, que representará a las tripulaciones de las dos marcas. No obstante, Anderson ha declarado oficialmente ante la prensa que será un piloto de Delta quien mantendrá la silla para el voto clave ante el Consejo.
Delta también se ha adelantado a declaraciones que pudiesen desviar claridad respecto al acuerdo colectivo alcanzado y que será confirmado y detentado por lo menos hasta fines de 2012. El acuerdo, aún pendiente de ser ratificado por los pilotos, les otorgará control de hasta un 3.5% del nuevo valor accionario de la empresa y sin restricciones para acceder a nuevos beneficios que se pudieran concretar posteriormente para los pilotos de Delta, aunque también se sabe que podrían darse condiciones distintas para los trabajadores de Northwest.
Desde la tragedia de septiembre 11 la industria aérea ha experimentado un descenso de nariz en rentabilidad y en utilidades. A nadie sorprendió que las personas buscaran alternativas más seguras, si bien más largas, para alcanzar sus lugares de destino, y aunque poco a poco la industria aeronaviera se las ha arreglado para pegar los pedacitos, las cosas nunca podrán ser iguales. De hecho, American ha empezado ya a sufrir, y es que conforme pasan los días el impacto en la industria se empieza a dejar sentir tan duro como lo veíamos venir y sin saber exactamente por dónde llegaría, sólo para comenzar.
Desde abril pasado el ahora ex-gigante norteamericano de los aires ha sufrido una avalancha de cancelaciones arrojando pérdidas espectaculares que van más allá de las predicciones más pesimistas de los analistas financieros y de mercado. Todavía cuesta trabajo digerir las mega-cifras y difícilmente nadie puede entender tampoco y a fondo la dimensión de operar y controlar cerca de 3,000 vuelos diarios.
Ciertamente esta titánica historia se seguirá escribiendo día tras día durante varios meses más; está pendiente una larga lista de decisiones críticas que continuarán retando a las mejores imaginaciones empresariales y replanteando toda expectativa hacia horizontes donde ahora, a veces, sería más exacto decir que son “impredecibles...”
Lo que no debemos perder de vista es que, al final del día, no se trata de crecer per se en un afán de imperialismo o supremacía corporativa desmedida, sino que el incentivo más poderoso para las mega-fusones seguirá siendo el más sencillo de los razonamientos: el que este poderoso estímulo a la libre competencia habrá de producir industrias y economías más “amarradas”, más estables y robustecidas.
Inevitablemente, todos serán forzados en algún momento de su historia a tomar las decisiones que conduzcan a su supervivencia y rentabilidad si es que han de permanecer o prevalecer en la industria. Ya veremos quienes se quedan.
crobinson_c@prodigy.net.mx
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