Por Carlos A. Robinson
EL MEGA-SEÑOR DE LOS CIELOS
Más de 175 millones de pasajeros comenzarán a ser transportados cada año por la aerolínea más grande del mundo surgida de la fusión entre Northwest Airlines y Delta, la cual también impone también una marca bursátil como la más importante operación accionaria formal registrada en la historia de la aviación comercial.
Los pilotos y accionistas de ambas aerolíneas, las autoridades de justicia y de competencia de los Estados Unidos, apenas hace unos días, tenían pendiente en la agenda validar y aprobar esta titánica mega-unión. Al menos así lo difundían las principales cadenas televisivas de noticias como CNN y otras en ambos hemisferios. Los dos carriers, resulta claro, están comprometidos en una decisión que sin duda tendrá repercusiones para el globalizado turismo internacional.
Al momento de escribir este espacio, los equipos de ambas compañías ya han “agarrado pista” y acelerado motores al máximo para que la unión sea un hecho y se consolide, dando fin así una serie de rumores al respecto, pero también propiciando nuevas especulaciones y preguntas de complicadísima respuesta (de existir tal) sobre los efectos directos, que planear para el futuro hoy es una tarea casi tan volátil como la turbosina misma que los alimenta.
Demos un rápido vistazo a la nueva conformación: Será la aerolínea con más aeronaves, cerca de 1,000 aviones de diferentes fabricaciones y con diferentes modelos y edades, seguida de American Airlines con alrededor de 655 y United con 578 unidades de vuelo.
Casi obligadamente, será la empresa aeronaviera con más empleados en los Estados Unidos con unos 78,500 trabajdores formalmente registrados en la plantilla, y nuevamente American ocupará el 2° puesto con sólo unos 5,000 puestos menos.
Piense que estamos hablando de un intercambio de 277 millones de acciones de Northwest con un valor aproximado a los 3.8 billones de dólares para dar lugar a un nuevo valor combinado de mercado de ambas compañías que alcanzará los 17.7 billones de dólares, incluido en éste el monto neto de sus respectivas deudas comerciales.
Una fusión de esta magnitud llevará entre las nubes a surcar a decenas de millones de almas dentro de sus cabinas. Sume usted a los 175 millones que mencionábamos otros 205 millones de pasajeros repartidos casi al 50% entre Southwest y American y estaremos contabilizando una equivalencia cercana al 5% de la población, no de viajeros, sino de la población mundial.
No obstante que estos nuevos valores impresionarían a cualquier estudioso que entienda el mercado desde la perspectiva numérica o cuantitativa, no debemos olvidar que no se trata de una “gran oportunidad” de negocios ni de un capricho de magnates financieros o de la industria aérea, sino que obedece precisamente a lo que platicábamos aquí hace quince días: a las presiones por la alza exacerbada y desatinada en los precios del petróleo y la tan temida recesión económica de los Estados Unidos (o desaceleración económica, a decir de los optimistas).
La nueva aerolínea se seguirá llamando Delta para que no quede duda de que el control, las decisiones y los puestos claves dentro del nuevo gigante de los aires se mantengan bajo el cobijo del ala norteamericana.
La unión de estas dos empresas seguramente capitalizará en el hecho de que existen muy pocos traslapes o duplicación de mercados en algunas rutas. Por demás, hay “carnita” estratégica en abundancia sobre la cual necesariamente tendremos que estar atentos pues obligará a las empresas competidoras a replantear nuevamente los esquemas y perspectivas de negocio y a pelear vorazmente para defender sus territorios consolidados en los mercados naturales y en las regiones de altísima productividad o rentabilidad comprobada.
crobinson_c@prodigy.net.mx
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