Por Carlos A. Robinson
LOS PRINCIPIOS UNIVERSALES DEL C.EM.T.
Como ofrecimos hace quince días, echaremos un vistazo a algunos de los diez artículos que conforman el Código Ético Mundial para el Turismo y nos detendremos a reflexionar un poquito más en aquellos que consideremos relevante para nuestro quehacer particular.
El Artículo 3 refiere con toda elocuencia y claridad al turismo como factor de desarrollo sostenible o sustentable del cual ya hemos platicado en este espacio. Este capítulo se torna automáticamente relevante en el caso de México. Para nadie es ya, lastimosamente, una sorpresa que absolutamente todos los santuarios naturales más bellos de México están profundamente deteriorados, y las acciones para detener el daño, tibias y poco efectivas.
La lista de ámbitos afectados a causa del el turismo no responsable es interminable; basta con mencionarlos de manera genérica para abarcarlos en su totalidad a lo largo y ancho del país, díganse cuerpos de agua en cualquiera de sus formas conocidas: atmósfera, ríos, lagos, mares; bosques, selvas, nuestras mariposas monarcas, nuestras ballenas californianas, etc. Lea usted lo que se supone hemos suscrito ante el mundo para hacerlo valer, para el mundo entero, pero eminentemente para nosotros mismos:
Artículo 3
El turismo, factor de desarrollo sostenible
1. Todos los agentes del desarrollo turístico tienen el deber de salvaguardar el medio ambiente y los recursos naturales, en la perspectiva de un crecimiento económico saneado, constante y sostenible, que sea capaz de satisfacer equitativamente las necesidades y aspiraciones de las generaciones presentes y futuras.
2. Las autoridades públicas nacionales, regionales y locales favorecerán e incentivarán todas las modalidades de desarrollo turístico que permitan ahorrar recursos naturales escasos y valiosos, en particular el agua y la energía, y eviten en lo posible la producción de desechos.
3. Se procurará distribuir en el tiempo y en el espacio los movimientos de turistas y visitantes, en particular por medio de las vacaciones pagadas y de las vacaciones escolares, y equilibrar mejor la frecuentación, con el fin de reducir la presión que ejerce la actividad turística en el medio ambiente y de aumentar sus efectos beneficiosos en el sector turístico y en la economía local.
4. Se concebirá la infraestructura y se programarán las actividades turísticas de forma que se proteja el patrimonio natural que constituyen los ecosistemas y la diversidad biológica, y que se preserven las especies en peligro de la fauna y de la flora silvestre. Los agentes del desarrollo turístico, y en particular los profesionales del sector, deben admitir que se impongan limitaciones a sus actividades cuando éstas se ejerzan en espacios particularmente vulnerables: regiones desérticas, polares o de alta montaña, litorales, selvas tropicales o zonas húmedas, que sean idóneos para la creación de parques naturales o reservas protegidas.
5. El turismo de naturaleza y el ecoturismo se reconocen como formas de turismo particularmente enriquecedoras y valorizadoras, siempre que respeten el patrimonio natural y la población local y se ajusten a la capacidad de ocupación de los lugares turísticos.
Sea usted mismo como participante de la industria turística en cualquiera de sus diversas y amplísimas modalidades, su propio juez o crítico y decida usted mismo también, qué clase de planeta y ejemplo queremos dejar a nuestros hijos, y qué clase de explicación tendrán que darle ellos, a la vez, a sus propios hijos y nietos del estado que guarde entonces la salud de nuestra enferma casa.
Por Carlos Robinson
crobinson_c@prodigy.net.mx
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