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La belleza de Ronda, en Málaga, España.

Nos vemos de pronto envueltos en un centro histórico monumental que parece encontrar en la noche a su mejor aliada, quizá por el sabor marinero y desenfadado que se combina aquí con tres mil años de historia fenicia, romana y árabe para lograr un carácter cien por ciento lúdico y muy disfrutable. Comenzamos con la obligada cena de tapas en El Chinitas, un mesón pleno de tradición y sabor que nos recordó de inmediato aquellos versos de García Lorca que dicen “En el café de Chinitas / dijo Paquiro a su hermano / soy más valiente que tú / más torero y más gitano” (Paquiro era el apodo de un torero del siglo 19 y Chinitas era un cantaor de flamenco que actuaba en ese café, hoy Mesón El Chinitas), de modo que, con la leyenda a cuestas, le hacemos los honores a un excelente jamón serrano, un revuelto de espárragos y unos trozos de bacalao fritos en aceite de oliva, todo con buen vino y un ambiente de lo más agradable.

 

Después, el consabido recorrido de bares hasta terminar, como todo buen turista, en La Posada de Antonio, un sitio céntrico y adecuado para tomar la copa, esperando siempre que en cualquier momento aparezca su propietario, el actor Antonio Banderas, un malagueño muy de moda.

 

La mañana siguiente nos encuentra caminando por la Avenida de Andalucía y la Alameda Principal, un espacio con grandes áreas verdes y buenas muestras de arquitectura neoclásica.

 

Proseguimos por el puerto y el Paseo de las Farolas para luego subir al Castillo de Gibralfaro, donde los restos de la cultura árabe se entrelazan con las huellas de los reyes católicos y aún con la presencia de las tropas napoleónicas (en especial en el pequeño pero excelente museo del castillo), más una extraordinaria vista de la ciudad, con el puerto y la plaza de toros en primer plano.

 

 

El Castillo de Gibralfaro.

Nos detenemos un rato en la recoleta Plaza de la Merced y no resistimos la tentación de visitar la casa natal de Pablo Picasso, el más notable malagueño de todos los tiempos. Ahí, con una museografía deliciosamente ecléctica, se exhiben desde su ropón de bautizo hasta algunas de las raras piezas de cerámica pintadas por él.

 

Entre plazas, fuentes y callejones proseguimos nuestra incursión al centro histórico de Málaga. Pasamos junto a la Alcazaba y los restos del teatro romano para llegar a la Catedral, popularmente conocida como “la manquita” porque sólo tiene una torre. La otra, según la leyenda romántica, no se concluyó debido a que el dinero destinado a su construcción fue cedido para alguna causa patriótica, aunque hay rumores en el sentido de que los fondos en cuestión terminaron en las arcas de algún político deshonesto. Vaya usted a saber.

 

 

La Avenida de Andalucía, en Málaga.

De cualquier modo, la catedral y sus edificios vecinos nos proporcionan una estampa arquitectónica en verdad memorable y nos dan el pretexto para seguir caminando y meternos al Pasaje Chinitas, callejones y rinconcitos llenos de historia y leyendas.

 

Salimos finalmente al Paseo del Marqués de Larios, amplia vía recientemente recuperada para el disfrute peatonal que desemboca en la Plaza Constitución, un espacio perfecto para ver buena arquitectura, tomar un helado de turrón, visitar las mejores boutiques y tomar un café al aire libre mientras la ciudad se abandona, de una a cinco de la tarde, en la dulzura provinciana de la siesta.

 

 

La Plaza de la Constitución, para pasar el tiempo plácidamente.

Por la noche nos trasladamos al malecón de La Carihuela, en Torremolinos, para visitar La Jábega y caer en la tentación de los mariscos frescos del Mediterráneo y los pescaditos fritos, toda una tradición por estos lares.

 

Málaga nos deja muy buen sabor de boca, y no sólo por su excelente gastronomía sino, más que nada, por el espíritu festivo de su gente y la mirada seductora de sus mujeres, por ese empeño de vivir la vida intensamente, como si pudiéramos irnos de marcha toda la noche, todas las noches.

 

RONDA, ESPLENDOR EN LA SIERRA

 

Verdes montañas y pueblos blancos van llenando nuestras pupilas mientras avanzamos hacia Ronda, ciudad antigua y señorial de la sierra de Málaga. Si las comunidades costeras presumen de su belleza por el contacto con el mar, las poblaciones serranas se manifiestan, con un orgullo callado y profundo, a través del maridaje de los montes con el cielo.

 

 

La Plaza de Toros... la fiesta no podía faltar.

Ronda es un claro ejemplo pues ahí, en el aire puro de la serranía, notamos mucho más el trabajo de la piedra labrada, percibimos la hondura de los barrancos y la mirada se nos pierde siempre, más allá de una catedral o un palacio, en la infinita tersura de los montes, en la facilidad y el miedo de encontrarnos a nosotros mismos en el eterno subir y bajar de callejuelas empedradas.

 

Como si la mano de Dios hubiera partido la montaña para permitir el paso del río Guadalevín, se formó ahí un cañón de cien metros de profundidad (un tajo, como dicen los rondeños despeñando suavemente la jota) que divide a Ronda en una parte nueva y una parte vieja.

 

 

El sabor tradicional de esta parte de España.

Por la sección más antigua realizamos un recorrido despacioso y bien masticado, de esos que permiten que la nostalgia de los viejos palacios y el embrujo de los callejones empedrados se metan por la mirada y se instalen debajo de la piel para, simplemente, permanecer.

 

Comenzamos, desde luego, admirando la estampa del Puente Nuevo, levantado sobre el Guadalevín a fines del siglo 18, para perdernos luego entre casas blanquísimas y ocres ermitas, baños árabes del siglo 14 y residencias señoriales del 18.

 

La ventaja de las calles que zigzaguean para adaptarse al capricho de la orografía es que siempre reservan una sorpresa a la vuelta de la esquina, algún primor labrado en piedra o alguna forma que pretende competir con el paisaje. Vamos encontrando así lugares tan hermosos como el mudéjar Palacio de Mondragón, la Catedral de Santa María la Mayor y el Alminar de San Sebastián. Pasamos del árabe al mudéjar, del gótico al barroco, al renacentista, al embriagante paseo por tantas culturas, aromas y sabores, a todo lo que se resume, quizá, en la imaginada tarde de toros de esta hermosa plaza del siglo 18 (ya en la parte nueva), la más antigua de España.

 

 

La caminata es larga y el sol arrecia, de modo que una copa y unas tapas vienen muy bien en alguno de los bares vecinos de la Plaza de España, donde se consiente al paladar y se disfruta el estilo rondeño para saborear la vida. Luego, la mejor opción que encontramos es probar la gastronomía local en el excelente restaurante del Parador Nacional de Turismo, el sitio ideal para una comilona al mejor estilo andaluz: pescados y carnes rojas, conejo y codorniz, quesos maduros bañados en aceite de oliva, tintos y blancos de buen sabor y mejor memoria, jamones como para delirar. Luego, las recetas propias de la sierra: sopa de almendras con raspadura de limón, cabrito frito a la serrana, migas rondeñas y otras maravillas que nos hacen pensar que el tiempo no existe, pues con buena compañía y buen vino lo demás no importa. Sólo comienza la anticipada nostalgia del adiós cuando aparecen los postres y nos dejamos vencer por el hojaldre con crema de almendras y chocolate caliente, por la tarta de queso fresco con hierbabuena o cualquier otra dulzura malagueña. Enfilamos otra vez hacia la costa.

 

INFORMACIÓN PRÁCTICA

 

- Los mexicanos no necesitamos visa para entrar a España. Sólo pasaporte vigente y boleto de avión en viaje redondo.

- Hay que llevar ropa fresca para el día y algo más abrigador para la noche (de ser posible, evitar el invierno), zapatos cómodos para caminar mucho, gorra o sombrero, un buen bloqueador solar y cámara fotográfica.

 

- Gastronomía: jamón serrano (el de pata negra o ibérico es el mejor), queso manchego madurado, aceite de oliva, pescaditos fritos, postres moriscos y buenos vinos de mesa, cabrito a la serrana.

 

- Hospedaje: Hotel NH Málaga, Av. Río Guadalmedina s/n, tel. 952 07 13 23 www.nh-hoteles.com ; Parador Nacional de Turismo, Plaza de España s/n, Ronda, tel. 952 87 75 00 www.parador.es , ronda@parador.es

 

- Restaurantes en Málaga: El Chinitas, calle Moreno Monroy 4, tel. 952 21 09 72 www.chinitas.arrakis.es ; La Jábega, Paseo Marítimo La Carihuela 33, Torremolinos, Málaga, tel. 952 38 63 75; La Posada de Antonio, calle Granada 33, tel. 952 21 70 69.

 

aLa belleza rústica de Ronda.