Lo primero que hicimos a bordo, fue trasladarnos hasta un río, a orillas de éste, nos sirvieron un espléndido desayuno al estilo de los campesinos costarricenses. ¡sencillamente exquisito! Luego emprendimos el viaje a toda marcha por caminos de terracería. Nos movíamos de un lado a otro adentro del vehículo. Por un momento recordé el juego de Indiana Jones de Disneylandia, era como vivirlo de nuevo, pero magistralmente superado por la belleza natural y real de Costa Rica, no era algo sacado del ingenio de los expertos de Disney, era de verdad, porque en Costa Rica no hay ingredientes artificiales. Fue un paseo súper emocionante por el “Camino de las Mulas”, construido en 1776 para llegar a Panamá.
A toda marcha nos dirigimos a lo alto de una montaña hasta Zapatón, única reserva indígena existente en la provincia de San José, visitamos una escuela donde nos recibieron las autoridades de la comunidad, tuvimos un encuentro con los niños huetaras y las mujeres del lugar nos ofrecieron una deliciosa comida típica, que nos sirvió para tomar fuerzas y aguantar la fascinante caminata que esa tarde emprendimos por la selva en el Parque Nacional La Cangreja.
Reunidos todos con un guía experto nos internamos en la maleza en un día color gris y a medida que avanzábamos, se escuchaban los truenos en el cielo, hasta que las nubes no pudieron contenerse más y soltaron su agua con toda la fuerza posible. La lluvia nos sorprendió en el corazón de aquella selva exuberante y la recibimos con agrado. Fue una gran experiencia, caminamos cuesta arriba, cuesta abajo, en varias ocasiones cuando nos acercábamos a algún claro, pensábamos que estábamos por llegar, pero de pronto el terreno se tornaba nuevamente boscoso y empedrado. Cuando terminamos, hora y media más tarde, estábamos empapados, pero con la satisfacción que da el poder decir “caminé en la selva bajo la lluvia”. Nuestros anfitriones nos esperaban con fruta y algo de beber. La hospitalidad costarricense, no deja de sorprendernos. Los ticos son verdaderamente maravillosos con sus visitantes.
Todavía mojados, abordamos nuestros poderosos 4X4 y continuamos el recorrido por esos sinuosos caminos hasta llegar al hotel donde habríamos de pasar la noche, el Paraíso Carlissa, un establecimiento de montaña en plena selva. Nos ofrecieron una rica cena acompañados por un trío, antes de caer rendidos en nuestras camas.
Al día siguiente, después de un exquisito desayuno al estilo tico en donde el protagonista es el famoso “gallo pinto” (arroz con frijoles), emprendimos un tour de aventura por los ríos Tulin y Lanas. Nuestro amigo Bola y sus compañeros, nos dieron una muestra de lo que sus vehículos pueden hacer atravesando el río a toda velocidad, lo divertido fue que nosotros participamos también.
Haciendo un poco de turismo rural comunitario, comimos en casa de una amable familia rodeados de un paraje boscoso y luego nos llevaron a un lugar llamado Silencio del Campo en Bijagual de Turrubares, para mostrarnos sus instalaciones de camping y pescar unas tilapias.
M*s entrada la tarde llegamos al Parque Nacional Carara, donde nos dijeron que podríamos ver una cascada...claro que la vimos, pero antes tuvimos que caminar y caminar y caminar selva abajo hasta llegar al sitio desde donde nos detuvimos a contemplar la magnífica caída de agua. Lo duro fue el regreso, caminamos y caminamos y caminamos selva arriba, nos cayó la noche antes de llegar hasta el punto de inicio. Cansados, pero satisfechos con nuestro paseo, nos refrescamos con una bebida. Y llegó el momento de la despedida, el Bola y sus compañeros debían regresar a Puriscal, y nosotros continuar nuestro viaje, pero nuevamente a bordo del autobús conducido por el bueno de Marco, quien ya nos estaba esperando ahí.
Ya era tarde cuando llegamos a Punta Leona, un espectacular hotel de playa donde a la mañana siguiente teníamos la opción de realizar canopy.... Pero no lo hicimos, porque preferimos organizar un divertido encuentro de fútbol: Costa Rica contra México (y Uruguay), yo la única mujer en la cancha, pasé m*s tiempo pendiente de que ninguno de estos hombres me tirara o pateara, que de anotar goles. El marcador final quedamos...como amigos. Después de la foto de rigor de todos los “futbolistas”, nos lanzamos a la playa con su maravillosa arena blanca y suave y su mar tranquilo, rodeado de montañas.
Salimos hacia Caldera, donde nos llenaron la mesa de mariscos. Después nos fuimos al muelle de Puntarenas para reencontrarnos con Luis Carlos y el señor Luis Fernando Sánchez, quienes nos tenían listo un yate, el Bay Princess, de la empresa Bay Island Cruises (de Costa Rica Ecológica), para emprender la navegación por el Golfo de Nicoya, hasta llegar a la Isla Tortuga. A bordo disfrutamos de música en vivo y bebidas refrescantes, por lo que no nos importó la lluvia torrencial que caía. Lo bueno fue que para cuando llegamos a la isla, el agua había cesado. Fue una noche mágica, nos recibió una fogata como única luz., caminamos por la playa sin ver nada, la sensación de estar en una isla desierta fue increíble; al cabo de unas horas nos sirvieron una deliciosa cena. Nuevamente a bordo del Bay Princess, hubo quienes se durmieron y otros que nos quedamos contemplando las estrellas.
Al llegar a Puntarenas nos despedimos de Luis Carlos, el señor Sánchez y Mario Badilla. Y al cabo de tres horas llegamos a San José a las 4:30 de la madrugada. Afuera de las instalaciones de Teletica dejamos a nuestros compañeros de la televisión y el resto pasamos lo que quedaba de la noche en el Balmoral. Ahí nos despedimos de Freddy Lizano y de Adrián Soto, el fotógrafo del ICT.
Pasaba del medio día cuando otro funcionario del ICT, Oscar, nos pasó a recoger para llevarnos a la provincia de Cartago, en donde vive gente amable y agradable. Pasamos por la ciudad del mismo nombre, antigua capital de Costa Rica, y continuamos hasta el hotel Río Perlas, ubicado en el Valle de Orosi, donde comimos antes de trasladarnos al aeropuerto para regresar a México.
Así terminó mi aventura en Costa Rica, un país pequeño en territorio, pero grande en belleza. Sus ciudades, playas, volcanes, bosques y Parques Nacionales son hermosos, pero sin duda alguna, lo mejor de todo es su gente. Costa Rica es uno de esos países que se conocen y se quedan en el corazón de quien los visita, será por sus paisajes, será por sus habitantes, o será porque Costa Rica es naturalmente el país sin ingredientes artificiales.
Por Laura Ibarra