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Editorial

Adiós a un Querido Amigo

Una de las cosas más preciadas que me heredó mi padre fueron algunos de sus grandes amigos. A través de los años, a pesar de la diferencia de edades, algunos de ellos se convirtieron en verdaderos y muy cercanos amigos míos. Entre ellos, uno de los más queridos se acaba de ir.

 

Enrique Sánchez, quien acababa de cumplir 81 años en enero de este año, falleció en su casa de San Bruno, California, muy cerca de San Francisco, donde trabajaba en la compañía USA Hosts.

 

Enrique nació en Puebla en 1927 y se inició en la actividad turística en 1950 como agente de viajes y operador. En 1960 se mudó a San Diego, California, donde trabajó en una compañía de viajes especializada en vender boletos de avión a soldados y marinos que regresaban de su entrenamiento.

 

En 1964 inició su carrera en la aviación, como gerente de ventas de Aeronaves de México en California del Sur y cuatro años después comenzó a laborar en la gratamente recordada Western Airlines en San Francisco, área donde vivió el resto de su vida.

 

Después de laborar en Western por 15 años, Enrique trabajó 10 años como asistente del Director de Mercadotecnia para las Américas de China Airlines y ayudó al establecimiento de oficinas de esa aerolínea en varios países latinoamericanos.

 

En 1998, a la edad de 71 años, Enrique Sánchez convenció a Don McPhail, en ese entonces mandamás de USA Hosts, de que México era un mercado potencial muy importante ya que los grupos de convenciones y vacacionistas de México a los Estados Unidos estaban creciendo.

 

Después de un corto tiempo como asesor de esa compañía, decidieron contratar a Enrique para desarrollar un producto específico para el mercado mexicano y su extraordinario éxito lo llevó a ser nombrado Director de Ventas para Latinoamérica. Sus resultados fueron tan buenos que apenas el cuatro de marzo pasado, Enrique había enviado el siguiente correo electrónico a José Jové y a mi: “Mis estimadísimos!! Espero noten mi puesto en USA Hosts!!! Estoy listo para nuestra reunión anual en POW WOW - Las Vegas. Un abrazo, Enrique Sánchez, Director de Ventas Internacionales de USA Hosts.”

 

A los 81 años, Enrique había sido ascendido a Director de Ventas Internacionales!

 

Muchas de las culturas antiguas consideraban a la vejez como una edad honrosa, que tenía más ventajas que desventajas. En esas culturas se consideraba que los viejos podían ser los mejores maestros e instructores, los más sabios, a los que más valía la pena escuchar.

En nuestro muchas veces absurdo mundo moderno la edad avanzada se ve como una desventaja, casi como una especie de discapacidad. La filosofía de moda en el mundo de los negocios es que los ejecutivos viejos son para ser desechados, no escuchados.

 

 

Por supuesto que la edad tiene sus desventajas, pero los que somos más jóvenes nos centrarnos tanto en lo que nuestros ojos ven de la vejez que nos olvidamos que muchas veces detrás de las arrugas y los pasos cortos existe un dinamismo y una sabiduría listas para ser aprovechadas y compartidas. (Mi mamá, por ejemplo, sigue haciendo las operaciones matemáticas a mano más rápido de lo que yo las hago en una calculadora, y sigue administrando el dinero y las cosas mejor que cualquier otra persona que conozca...)

 

Volviendo a Enrique Sánchez, debido a problemas de salud que lo afectaban desde hace años, su vista era casi nula y tenía muchos problemas para oír. Pero a sus 81 años puedo decir que entre todos mis amigos, tal vez haya muchos que oyen mejor de lo que lo hacía Enrique, pero pocos escuchan como él escuchaba. Muchos ven mejor de lo que Enrique lo hacía, pero pocos tienen la habilidad de percibir las cosas como lo hacía mi amigo de San Francisco. Muchos se mueven más rápido, pero Enrique siempre sabía a donde iba.

 

Voy a extrañar mucho nuestras conversaciones telefónicas semanales, que de tan largas me dejaban dormida la oreja pero que siempre despertaban en mi las ganas de verlo.

 

Voy a extrañar las idas a comer de Enrique con Pepe Jové y conmigo. Reuniones donde Enrique siempre hablaba del pasado y del futuro... de lo que había hecho y de lo que iba a hacer... de los tiempos cuando el trato personal no había sido reemplazado por buzones electrónicos y las palmadas en la espalda y los abrazos por movimientos de un ratón en el teclado.

 

Voy a extrañar el conocimiento enciclopédico de Enrique sobre la actividad turística y sus bromas sobre cómo en la actualidad muchas de las cosas que se consideran tan novedosas en el turismo, como las alianzas aerolineales, no son otra cosa más que redescubrir que la rueda es redonda.

 

Enrique era de esas personas raras que tenían el don de caerle bien a los CEOs de muchas compañías, al mismo tiempo que le caía bien a los dos taxistas de San Bruno que casi se peleaban por llevarlo.

 

Voy a extrañar muchas cosas de Enrique Sánchez: su eterno pero nunca ingenuo optimismo, su don de gentes, su amistad sincera y cálida... pero creo que lo que más voy a extrañar es su disposición para conversar y simplemente pasar un gran rato hablando.

 

Una de las tristes contradicciones de nuestro tiempo es que con tantas herramientas de comunicación mundial e instantánea, la mayoría de la gente ya no sabe charlar.

 

Voy a extrañar las charlas con Enrique y sé que José Jové las va a extrañar también... por eso terminando de escribir sobre nuestro querido Enrique, ambos iremos a brindar por su memoria. Y en esta ocasión, aunque tengamos tanto de que hablar, tal vez en lugar de charlar simplemente nos quedemos callados, recordando.

 

Edgar Ibarra Schaufelberger