Por: Gustavo Armenta www.armentaturismomexico.com
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Insuficiente, el plan de rescate del gobierno
El turismo es la industria que más divisas frescas aporta al país, después del petróleo, con la diferencia de que la actividad de los viajes genera alrededor de dos millones de empleos, muchos más que la petrolera. Y los empleos indirectos que produce son incuantificables.
Además, los hidrocarburos no son renovables y si, como dijo el presidente Felipe Calderón al principio de su sexenio, nos queda petróleo para una década, significa que en el mediano plazo gran parte de la economía nacional va a depender del turismo.
El turismo genera polos de desarrollo y actualmente aporta 8% del Producto Interno Bruto. El año pasado captó divisas por 13,289 millones de dólares, que en pesos hoy serían algo así como 177 mil millones. Y eso tan sólo de lo proveniente del turismo extranjero, ya que el doméstico derrama un cifra cinco veces mayor. Aún más, el siempre favorable saldo de la Balanza Turística, año con año ayuda a disminuir el siempre deficitario saldo de la Balanza Comercial.
Ante estos números, ¿quién puede dudar de la altísima importancia que el turismo representa para la economía nacional?
Pues parece ser que hay mucha gente en los altos mandos del gobierno que por alguna extraña razón no lo quieren entender.
Por esto fue que en el sector turístico se sintieron decepcionados cuando hace unas semanas el secretario de Hacienda, Agustín Cartens, dio a conocer el paquete de apoyos que el gobierno federal diseñó para reactivar a esta industria luego del enorme daño que le causó la epidemia de Influenza Humana. Y cuando hablo de decepción no me refiero solamente a la gente del sector privado, sino también a varios del sector gubernamental.
Ofreció un fondo de 200 millones de pesos para promoción, así como algunos créditos y exenciones fiscales temporales y condicionadas.
Por citar sólo un dato que ilustre la incongruencia de este ofrecimiento, podemos recordar que hace dos años, cuando la APPO paralizó Oaxaca, el Consejo de Promoción Turística de México (CPTM) le dio a esa entidad un fondo de 50 millones de pesos para una campaña publicitaria emergente; y ahora la Secretaría de Hacienda ofreció solamente cuatro veces más para todo el país.
Días después, el secretario de Turismo, Rodolfo Elizondo, anunció algunos apoyos fiscales y crediticios más por un total de 14 mil millones de pesos, así como una bolsa de mil 200 millones de pesos para promoción. Sin embargo, en ese dinero se encuentran los 200 millones ya ofrecidos por Cartens, más una parte que ya integraba el presupuesto del CPTM, dirigido por Óscar Fitch. También hay dinero del presupuesto de la propia Sectur, así como de los estados. De manera que los recursos frescos que Hacienda aportará para esta campaña emergente no son tantos.
Para poner en contexto esta cortedad de miras del gobierno federal, podemos ver que el puente Baluarte, que se construye como parte de la autopista que irá de Durango a Mazatlán, costará de 2,500 millones de pesos. Claro que es un puente importante porque será el más grande de América Latina; pero un puente, por más relevante que sea, no tiene la importancia que para el país representa salvar a su segunda industria más importante.
Ante el tamaño del desastre que vive hoy la industria turística, no suenan exageradas las demandas de la Confederación Nacional Turística, que encabeza Miguel Torruco, de un fondo de 200 millones de dólares para promoción; en tanto que Alejandro Rojas Díaz Durán, secretario de Turismo del DF, pidió la creación de un Fondo Nacional de Emergencia Turística, por 50 mil millones de pesos, luego de calificar de insuficiente y errático el diagnóstico elaborado por el gobierno federal sobre la crisis del turismo.
O, como me dijo un funcionario del CPTM: “Si con esta crisis el gobierno no entiende la importancia del turismo y proporciona los recursos que se necesitan para sacarlo adelante, ya siempre será una industria ninguneada”. Como ha sido siempre.
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