Por: Gustavo Armenta
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Cancún ya no es el número 1
Engolosinado con el mote de ser la “joya de la corona” del turismo mexicano, Cancún se debate entre el problema de sus playas erosionadas, la vejez que prematuramente lo envuelve a pesar de ser un treintañero y la poca imaginación de sus empresarios, a quienes no se les ocurre más que seguir construyendo fraccionamientos y torres de condominios.
Y mientras Cancún se convierte en el imperio del cemento frente al Caribe con playas mochas, a su lado la Riviera Maya sigue creciendo a una velocidad vertiginosa, no sólo en infraestructura, sino también en diversificación de productos, con una delineada estrategia de comunicación y, sobre todo, con imaginación que se materializa en la invención de eventos de todo tipo que la mantienen todo el año ocupando espacios en los medios de información.
Así, en tanto la Riviera Maya está lista para ceñirse la corona del turismo nacional y del Caribe, a cientos de kilómetros de ahí, en las cosas del Pacífico Mexicano, va creciendo otro destino que busca seguir sus pasos, incluso imitando su nombre: la Riviera Nayarit.
El origen de éste, que como marca es lo más novedoso en el país, se remonta a 1971, cuando un decreto presidencial creó el Fideicomiso de Bahía de Banderas, para expropiar ocho ejidos que sumaban 4,236 hectáreas.
Además de un gran fraude en esos tiempos de Luis Echeverría, lo único que durante años dejó turísticamente tal expropiación fue el nacimiento de un fraccionamiento que, aunque asentado en Nayarit, fue bautizado como “Nuevo Vallarta” por ubicarse al lado de Puerto Vallarta que pertenece a Jalisco.
Nuevo Vallarta creció como extensión de Puerto Vallarta, el cual con el tiempo, y gracias a su identidad de pueblito mexicano y a la fogosidad de Liz Taylor que viajaba hasta ahí para ponerle los cuernos a su marido con Richard Burton, se afianzó como uno de los destinos turísticos más sólidos de México.
Por su parte, Nuevo Vallarta se llenó de hoteles pero, al no lograr una identidad propia, seguía siendo una rémora de Puerto Vallarta. En los últimos años intentó varios nombres que lo distinguieran: “Vallarta Bay”, “Corredor Turístico Vallarta-San Blas” y “Vallarta Nayarit”, pero no le funcionaron. Otro fracaso fue el intento de promocionarse junto con Puerto Vallarta como un solo destino, bajo el simple nombre de “Vallarta”, pero los jaliscienses muy pronto deshicieron el trato.
Esto orilló a los nayaritas a entender que tenían que caminar solos, inventar un nombre atractivo y desarrollar una mercadotecnia profesional que los posicionara. Y así fue. El año pasado se rebautizaron como “Riviera Nayarit”, con los ojos puestos en la historia de éxito de Riviera Maya.
Las tres Rivieras
La Riviera Nayarit es un corredor de 160 kilómetros que va de Nuevo Vallarta a San Blas, y lo que ha sucedido ahí en los últimos dos años es una historia de grandes inversiones y nuevos desarrollos, con marinas, hoteles de lujo, fraccionamientos y campos de golf, además de Litibú, el sexto Centro Integralmente Planeado.
Y, aunque su cantidad de habitaciones está muy lejos de las de Cancún y Riviera Maya, en términos relativos Nuevo Vallarta es el líder nacional en ocupación hotelera: en 2006 cerró con un promedio anual de 79.49%, seguido de Cancún con 75.06% y Riviera Maya con 73.67 por ciento.
El año pasado repitió en el primer lugar con 76.03%, en tanto que Riviera Maya registró 72.24% y Cancún pasó al tercer lugar con 71.89 por ciento.
Aunque Cancún siga creyendo que es la “joya del corona”, esto ya no es cierto. El líder del turismo nacional es Riviera Maya y habrá que seguir muy de cerca los pasos de Riviera Nayarit. Inclusive, con el renacimiento de Huatulco, en un par de años habrá que estar atentos también a lo que suceda en lo que será la “Riviera Oaxaqueña”. Sí, Cancún fue el rey, pero hoy las Rivieras lo hacen ver viejo y cansado.
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