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Ciudad Abierta

Por: Gustavo Armenta

www.armentaturismomexico.com

 

 

Las dos caras del Tianguis Turístico

 

 

 

 

El Consejo de Promoción Turística de México ya tiene los resultados oficiales del Tianguis Turístico de este año y, como era de esperarse, son positivos, aunque nada espectaculares:

Se registraron 431 suites de negocios, que representan un crecimiento marginal de medio punto porcentual, con respecto a 2007; fueron 522 las empresas registradas, 13.5% más; y participaron 16% más expositores, con un total de 2,926.

 

Hasta ahí, todo bien. Sin embargo, dice la filosofía popular que la primera impresión es la que cuenta y que nunca hay una segunda oportunidad para una primera impresión.

Por su parte, la Biblia proclama que en una fiesta primero hay que servir el vino fino y luego el corriente.

 

Pero a las autoridades turísticas mexicanas esto no les importa, y con el Tianguis Turístico lo hacen al revés: les pagan el viaje a periodistas de Estados Unidos, Canadá, Europa y Sudamérica, y traen mayoristas de Rusia y China, para que su primera impresión de nuestra industria turística sea un decadente Acapulco, cuyo esplendor se hundió desde hace mucho en la contaminada Bahía de Santa Lucía.

 

Para que no regresen a sus países con esa impresión negativa, los invitados realizan Viajes de Familiarización post Tianguis para conocer Los Cabos, Ixtapa, Cancún y la Riviera Maya. Con lo cual buscan una segunda oportunidad para la primera impresión y sirven el vino bueno luego del malo.

 

Las costumbres obsoletas

 

A juzgar por los resultados, el Tianguis sigue siendo un éxito como feria comercial, aunque sea sabido que las grandes negociaciones se llevan a cabo desde antes o fuera del Centro de Convenciones y que lo que ahí se compra y vende es prácticamente la morralla.

 

Lleno de desayunos, comidas, cenas, cocteles y fiestas, oficiales y no oficiales, el Tianguis se mantiene como un escaparate para las relaciones públicas, lo cual forma parte importante del mundo de los negocios. Quién duda que una que otra transacción se cierra alegremente al calor de una botella en el Baby´O; frente a una desnudista que gira asida a un tubo; en una privadísima fiesta en alguna Suite Presidencial o, inclusive, en la cama de una maravillosa habitación con alberca privada, champaña y vista a la bella postal nocturna de la bahía llena de luces. Pero el cachondeo está bien para la noche, mas no para el día.

 

Porque la otra parte del Tianguis, no la de la compra-venta, sino la de las conferencias que dan ejecutivos y políticos, en buena medida se ha vuelto de una autocomplacencia insufrible.

 

Como si fuera un nicho comprado a perpetuidad, hay empresa o destinos que cada año dan su “tradicional” desayuno informativo o conferencia, tengan o no algo nuevo que anunciar.

Se dan casos patéticos como el de la Secretaría de Turismo de Veracruz que alquila un gran salón, paga un desayuno para ciento de personas con el objetivo de dar a conocer a mayoristas y periodistas las novedades y atractivos de su estado, pero todos los lugares los ocupan veracruzanos. Son ellos mismos, hablándose a ellos mismos de lo que ya todos conocen. Como el tío Lolo.

 

El colmo fue que cuando llegaron los reporteros, no había mesas para ellos. Los dejaron parados y les pidieron que se hicieran hacia la orilla para que no estorbaran. Todos los periodistas abandonaron conjuntamente el recinto. Los veracruzanos desayunaron bien, pero para efectos promocionales ése fue un dinero tirado a la basura.

 

Otro caso fue el del gobierno del Estado de México, que había anunciado como tema de la conferencia el Relanzamiento del Proyecto Fonatur-Teotihuacán, pero de eso nada se dijo. Se dedicaron a alabar a su gobernador Enrique Peña Nieto y a presentar una colección de libros que a nadie interesó. Tiempo perdido, el de ellos y el de los periodistas.

 

En fin, el Tianguis necesita una sacudida, pero sobre todo, que lo saquen de Acapulco.