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Ciudad Abierta

Por: Gustavo Armenta

www.armentaturismomexico.com

 

 

El lado oscuro del Tianguis Turístico XXXIII

 

 

El instructivo para el uso de la sala de prensa del pasado Tianguis Turístico advertía a los periodistas: “Se permitirá el uso de las computadoras por un máximo de 60 minutos por acceso”. Obvio, nadie hizo caso de tal tontería.

 

Este punto del instructivo, entre otros, denotaba que quien había redactado el manual no tenía mucha idea de cómo funciona una sala de prensa y, mucho menos, de cuáles son los requerimientos de tiempo de un reportero para desarrollar su labor.

 

Detalles como éste abundaron en la edición XXXIII del Tianguis. Una de esas tardes, mientras fumaba afuera de la sala de prensa en el Centro de Convenciones de Acapulco para descansar unos minutos, llegó Octavio Bernal, el decano de la fuente turística, se sentó junto a mí y, sin pregunta de por medio, en un tono de hartazgo, como para desahogarse, me dijo: “Tengo 83 años de edad, soy el único que ha asistido a todos los Tianguis, y te puedo decir que éste es el peor de todos”.

 

Estuve de acuerdo con él, pero sólo en una parte. Y es que lo periodistas, por más experimentados que algunos sean, solemos olvidar que lo importante de este evento no es la parte que más nos toca y que es el programa de conferencias que se dan mañana y tarde, tanto en el propio recinto como en desayunos y comidas, además de cenas y cocteles.

 

La esencia y razón del Tianguis está en los salones de exposiciones, a donde sólo concurrimos si queremos ir, aunque en esta ocasión alguien dio la orden de no dejarnos entrar –otra medida absurda--, ya que ahí es donde se encuentran los vendedores y compradores de los productos y servicios turísticos mexicanos. Aunque se sabe que las grandes transacciones se realizan desde antes o en las suites de los hoteles, mucho del menudeo se lleva a cabo ahí y por eso se llama “tianguis”.

 

 

Esa parte le tocó organizarla a la empresa CIE, quien se hizo cargo del montaje y distribución de los stands y, a juzgar por lo que posteriormente informó el secretario de Turismo, Rodolfo Elizondo, lo que sucedió ahí fue un éxito, al haberse comercializado 100% de los espacios y por la concurrencia de 500 empresas expositoras, 11% más que en 2007, y de más de mil compradores, 60% de los cuales vinieron del extranjero.

 

Deficientes agencias de RP

 

Pero en la otra parte, en la que participamos activamente los reporteros, sí estoy de acuerdo en que ha sido la peor de todas a las que he asistido, que ya son varias.

 

Uno de los errores que cometió el Consejo de Promoción Turística de México (CPTM), dependencia responsable de la coordinación del Tianguis, fue contratar varias agencias de relaciones públicas para que se hicieran cargo del aspecto operativo, dividiéndoles el trabajo.

 

Así, por ejemplo, los periodistas mexicanos fuimos atendidos por Fleishman Hillard, en tanto que los canadienses estaban con Comunicación Iberoamericana –misma que lleva la cuenta del CPTM— y los estadounidenses, europeos y asiáticos con otras.

 

Las agencias enviaron personal muy joven, con poca experiencia y criterio, ignorante del tema y con baja disposición al servicio, lo que derivó en rencillas gratuitas entre una agencia y otra, sin que comprendieran que todos trabajaban para la misma causa y cliente.

 

Esta descoordinación propició, a su vez, serios y lamentables incidentes: reporteros mexicanos fueron bajados de autobuses semivacíos, simplemente porque era el que usaban estadounidenses o canadienses; un muchacho de Fleishman quiso bajar a unas reporteras españolas de nuestro camión, a lo cual se opuso un grupo de mexicanos; choferes que dieron pésimo servicio con la complacencia de estos jóvenes; comida insuficiente, fría y tardía para quienes se quedaban trabajando en la sala de prensa; cambios de horarios que no fueron informados, etc.

 

Como cereza del helado, la propia Sectur le quitó toda importancia al premio que entrega cada año y que ella misma promueve.

 

Sí, el lado del Tianguis que le atañe a la prensa salió tan mal, que hasta parece que hubiera sido a propósito.