* CPTM: ¿No hay séptimo malo?
* Imaginando el proceso de selección
* De feria en feria
Hace unos días Oscar Fitch presentó su renuncia al CPTM, después de un poco más de dos años de ocupar el cargo de director general del consejo. Con Fitch son ya seis directores que el CPTM ha tenido desde que fue reinventado hace once años, lo cual nos da un promedio de menos de dos años en el puesto por director.
¿Recuerda usted a los directores anteriores del CPTM? Yo tampoco. Les aseguro que eso no se debe a que tenemos mala memoria, sino más bien se debe a que ese puesto y aquellos que lo ocupan han sido intrascendentes para el desarrollo turístico de México. En esos once años que el CPTM ha funcionado en su nueva versión, México ha caído varios lugares en el escenario turístico mundial, tanto en cantidad de turistas así como en cantidad de divisas recibidas por turismo.
Los directivos del consejo, así como el resto de nuestras autoridades turísticas, han sido muy buenos para encontrar a los culpables de esta caída turística. Incluso catalogan, analizan y dan informes muy completos sobre las causas de la caída turística, pero hacen muy poco para resolver los problemas del turismo. Tenemos que reconocerles que si no han hecho mucho por resolver las causas de los problemas turísticos no se ha debido a falta de voluntad, siempre han mostrado que le quieren echar ganas, sino más bien se ha debido a que su inexperiencia y poco conocimiento del sector ha hecho que muchas veces no sepan ni por donde empezar a tratar de arreglar las cosas.
El CPTM debería de ser muy importante para que México siga creciendo como potencia turística mundial, pero el mal manejo en la selección de sus directivos y sus principales funcionarios ha resultado en que el CPTM sea intrascendente, una oficina decorativa, un grupo de ineptos bien intencionados.
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¿Cómo se escoge al director del CPTM? No sabemos exactamente cómo, pero nos imaginamos, por los resultados, que el proceso es algo parecido a esto: Esta alguien de muy alto nivel en el gobierno un tanto preocupado porque le acaban de asignar la tarea de escoger un nuevo director del CPTM lo más rapidito posible. En medio de la preocupación llega un funcionario de medio pelo que comienza a platicar informalmente con el seleccionador y en la plática surge que el de medio pelo acaba de regresar de vacaciones de semana santa en Acapulco. El seleccionador entonces, metido así de repente en el tema de los viajes, le pregunta al de medio pelo sobre sus otras experiencias en los viajes y éste le dice que además de las semanas santas en Acapulco, ha pasado algunos veranos en Orlando con su familia, unos pocos cruceros en el caribe con su pareja, unas escapadillas a Las Vegas de las que no le puede platicar porque lo que pasa en Las Vegas se queda en Las Vegas, e incluso hizo un viaje a Europa para conocer a la Torre Eiffel en persona (aunque no la encontró tan chueca como le habían dicho que estaba...).
Entonces el seleccionador le dice que le sorprende y agrada mucho encontrar al de medio pelo tan versado en el tema de los viajes, aunque le aclara que la torre medio chueca está en algún otro lado, pero que fuera de ese pequeño desliz parece reunir los requisitos para dirigir el CPTM y hacerse cargo del millonario presupuesto del que podrá disponer desde su hermosa oficina con vista a algunas de las azoteas más típicas y tradicionales de la ciudad de México (afortunadamente lejos de donde se inunda cuando se desbordan los canales llenos de pipí y popó).
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El nuevo directivo comienza entonces su labor promocional. Al comenzar a trabajar se da cuenta que las azoteas no son tan bonitas cómo se las había imaginado y para resolver el problema decide invertir una buena parte de la lana que le cayó del cielo para la promoción de México a nivel mundial en espectaculares que cumplan con la doble función de tapar las azoteas y promover el país entre los desesperados automovilistas que cruzan cada día el viaducto y entre los vendedores ambulantes que al final de cuentas son los que más ven los espectaculares del CPTM.
Después de unos meses en el puesto, el nuevo director se entera que el cargo trae consigo viajes gratis, con todo pagado, a las ferias. Tras aclararle que no se trata de las ferias de Six Flags ni Chapultepec, sino de Fitur en Madrid y otras ferias similares en muchas partes del mundo, el directivo prepara su maleta y en el aeropuerto lo detienen para confiscarle las tijeras que llevaba para cortar el listón de los pabellones mexicanos. Después de ese traspiés, finalmente llega a Fitur, por ejemplo, y cumple cabalmente con sus responsabilidades: cortar el listón con las tijeras que le prestaron, recorrer los pupitres donde están sentados los turisteros mexicanos, llevar a la señora al Corte Inglés (al final de cuentas ese corte es más divertido que el del listón) y después tratar de cumplir con sus múltiples obligaciones gastronómicas las cuales tal vez requieran que no tenga tiempo de regresar a la feria e incluso que tenga que extender su viaje por uno o dos días: huevos rotos en Casa Lucio, cordero al asador en el Asador Aranda, una buena paella en La Albufera original y tal vez un chorizo en Chinchón y un cochinillo en Segovia... Después de eso, el regreso triunfal a México donde se entera de la noticia de que el stand de México fue el más bonito y visitado según conviene anunciar a los cuatro vientos aunque la noticia no sea del todo verdad.
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Bueno, ojalá y el séptimo salga diferente a los seis anteriores y ojalá y si sale mejor le den chance de terminar el sexenio. Ya lo veremos.
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