Columnistas
Caja de las SorpresasDe Esto y AquelloTribuna PúblicaMarket PubCiudad AbiertaEditorialAnálisis TurísticoComentariosEl Despertar HoteleroAlrededor del turismoNuestro pasadoDespegandoPerfiles del Turismo
El Ejecutivo del día
Noticias principales
ArrendadorasCrucerosAgencias de ViajesHoteleríaLíneas AereasGeneralesDestinos Extranjeros
Preguntas cónsul EUA
Sugerimos a todas¡Haga su trámite ahoraSoliciten su citaVacaciones de VeranoConsejo General
Secciones Especiales
Las VegasVisit Florida
Suplementos
LufthansaEstados Unidos y CanadáOrienteExpo VacacionesMallsLunas de MielLíneas AéreasHotelesSudaméricaEuropaEstados UnidosCancúnCruceros
Núm. anteriores
 
 
     

Análisis Turístico

* Los Pinos, Elizondo y sus “interlocutores”:

 

¡A arrasar manglares!

 

 

El manglar constituye un ecosistema único por la vital función que realiza: Ese entramado de árboles que se alza en algunas desembocaduras de ríos, lagunas costeras, humedades y esteros de México brinda muchos más servicios que el mero refugio del sol: En sus entrañas se incuba y protege la vida misma.

 

Sus raíces, delgadas pero tupidas, son cunero de peces, cangrejos y moluscos recién nacidos que saldrán a la dura vida acuática cuando estén creciditos y puedan valerse por sí mismos. De sus varas flacas se alimentan almejas e insectos. Sus ramas y raíces sirven de hogar para todo un catálogo de bellas aves locales y migrantes.

 

El organismo del manglar hace las veces de riñón y planta tratadora: Purifica el agua marina que entra a las lagunas, quitándole lo salado. Sus hojas que sudan sal, sirven de salero a los ribereños más pobres, que también aprovechan para alimentación los peces del manglar.

 

 

Su maraña de ramas y raíces zancudas provoca tal oscuridad, que esconde a los cocodrilos que sólo quieren que los mal llamados “desarrolladores turísticos” los dejen en paz. Las raíces aferradísimas a la tierra no dejan que la laguna se erosione o pierda territorio, aun en épocas de extrema sequía. Incluso en esos meses sus hojas se mantienen verdes.

 

En tiempo de peligro el manglar amortigua el golpe de tormentas, huracanes y tsunamis. También regula la temperatura, la salinidad, la contaminación de las aguas y alimenta en secreto, a través de vasos comunicantes invisibles, a los arrecifes de coral ubicados mar adentro.

 

El manglar constituye una zona de intercambio biológico entre la zona dulce y el mar. Es una zona de interfase, de intercambio de nutrientes y oxigenación, que abarca aire, aguas y suelo.

 

El ritmo de destrucción del manglar para construir negocios turísticos es terrible: según cifras de la FAO, en México se arrasan 10 000 hectáreas por año. El último informe de la Secretaría del Medio Ambiente indica que en los últimos 20 años se ha perdido 65% de la superficie cubierta por manglares. En Ixtapa-Zihuatanejo la situación es emblemática: La marina se construyó destruyendo manglares e invadiendo y acabando el hábitat de cocodrilos y garzas, reduciendo a la nada ecosistemas completos. Pero la expansión de los negocios turísticos es avasalladora: Cada vez más terreno de manglar es contaminado con basureros y drenajes o destrozado y después invadido con construcciones que ocupan el lugar de garzas, cormoranes y cococodrilos.

 

 

Ante tanta y tan absurda destrucción, los conservacionistas lograron recientemente la aprobación de la Ley General de Vida Silvestre, que desde el primero de febrero pasado prohibe la remoción, relleno, trasplante, poda o cualquier alteración de los manglares. ¿Cuál fué la reacción de Los Pinos, de Elizondo y de los supuestos “interlocutores” del sector turístico? ¡Pronunciarse por una contrareforma que permita a empresarios turísticos depredadores seguir arrasando manglares!

 

Este tipo de penosos espectáculos se explica, una vez más, por la inmensa ignorancia de la gestión turística federal, que facilita el que se margine a nuevos actores en el sector, como los verdaderos académicos e investigadores, ecologistas y conservacionistas, comunidades receptoras, campesinos, pescadores y lugareños; y sólo se presten oídos a los mismos “interlocutores” de siempre, que con ignorancia, miopía o por defender mezquinos y voraces intereses particulares de corto plazo, no tienen empacho en constituirse en abanderados de la depredación ecológica a gran escala.

 

Habría que decirles a éstos personeros, que los verdaderos estudiosos del fenómeno turístico sabemos bien que un auténtico desarrollo turístico NO pasa por la destrucción de los manglares y de la fauna y flora asociadas: Muy por el contrario; la biodiversidad debe ser protegida y constituírse en el principal atractivo de México, ya que eso sí nos daría no sólo ventaja competitiva sino también comparativa. Si fueran un poco menos ignorantes, o deveras representaran los intereses de la sociedad, en Los Pinos, en Mazaryk y en los despachos de los supuestos “interlocutores empresariales”, se estarían desarrollando proyectos turísticos que aprovecharan racional y ecológicamente el manglar como atractivo turístico, y no estarían desesperadamente buscando el modo de hacer una contrareforma legal que permita arrasar el manglar y construir sobre él tiempos compartidos o bares expendedores de cerveza al dos por uno.

 

Si así se “cumplirán” las promesas electorales de que el “turismo” será apoyado ¡qué devastación! Las próximas inundaciones, desastres y muertes causadas por la destrucción de los manglares ya sabremos a quien atribuirlas.

 

(Reconocemos a Marcela Turati de Excelsior su valiosa investigación sobre este tema.)

 

 
 
 
 
ffff