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* Cómo enfrentar la crisis con un turismo bien gestionado.
* En quince años se podría acabar con la pobreza en México.
* ¡Ya basta de un modelo turístico de transnacionales que sólo beneficia a unos cuantos y que recicla las divisas al extranjero!
Hace poco comentamos en esta columna que ante los problemas económicos que enfrenta el mundo, los verdaderos Estadistas están diseñando los nuevos paradigmas que habrán de perfilar la producción, la distribución, el consumo y las formas de organización social y política con mayor justicia e igualdad.
En el caso del turismo en nuestro país, urge que se modifique radicalmente la forma en la que se ve la actividad, fundamentalmente porque el modelo seguido ha favorecido a sólo unos cuantos empresarios inmobiliarios y hoteleros, fundamentalmente extranjeros, y se ha dejado de lado a la comunidad receptora, a la que le impactan negativamente los efectos nocivos del turismo pero los beneficios generalmente les son escatimados.
Hay que recordar que cuando en México se han levantado centros turísticos, lo primero que hace el estado es DESPOJAR a las comunidades receptoras vía expropiación de los terrenos con atractivos. Luego, con nuestros impuestos o con deuda, el gobierno procede a la dotación de infraestructura y pone a disposición de grandes compañías hoteleras e inmobiliarias,
frecuentemente extranjeras, los terrenos para que se levante el equipamiento turístico. Así las cosas, el grueso de las divisas que finalmente se obtienen por turismo acaban reenviándose a las matrices de las compañías hoteleras turísticas extranjeras, mientras que a los habitantes originales de los centros turísticos si bien les va acaban de meseros, camaristas o prostitutas.
Desde luego que esta forma de proceder es concentradora del ingreso para unos cuantos intermediarios y empobrecedora de las mayorías. Sin embargo, tanto las administraciones priístas como las panistas se han empeñado en seguirla con el resultado de que la mayoría de las divisas NO se quedan en México, y por lo tanto no se eleva el nivel de vida de la población local. Y cuando ésta se opone a los proyectos se enfrenta a la más brutal de las represiones:
(Hay que recordar que los ejidatarios de Atenco, verdaderos presos políticos, cometieron el gravísimo crimen de defender su casa cuando pretendieron despojarlos de sus terrenos por lo que enfrentan sentencias de hasta ¡122 años de cárcel! en la misma prisión de máxima seguridad en donde, en contraste, los narcos obtienen sentencias infinitamente menores, que como ilustra el caso del “Chapo” Guzmán eluden cuando quieren gracias a que el mismo gobierno los deja escapar para que puedan figurar en la lista de la revista “Forbes”.)
Si realmente se manejara la actividad turística con un criterio estratégico y de verdadero desarrollo, las actividades de FONATUR y de SECTUR irían encaminadas a hacer de los pobladores locales micro, pequeños y medianos empresarios turísticos: Es a ellos a quienes el estado debería financiar, fomentar y promover con la debida capacitación. Sin exagerar, podemos establecer que de esta forma en quince años podríamos erradicar la pobreza en el país, pues el efecto multiplicador de un turismo de medianas, pequeñas y microempresas manejadas por los pobladores locales que directamente recibirían las divisas de los turistas se haría derramar a muchos otras actividades nacionales.
Este paradigma se lo planteamos a Fox en Guanajuato desde que era gobernador, se lo intentamos plantear a Leticia Navarro, a Rodolfo Elizondo y a John Mc Carthy al iniciar sus respectivas gestiones en SECTUR y FONATUR, pero desde luego ni siquiera lo escucharon:
Estuvieron muy ocupados fomentando casinos, promoviendo iniciativas de ley para poder vender playas a extranjeros y persistir en crear centros turísticos basados en transnacionales hoteleras e inmobiiarias para beneficiar a unos cuantos favoritos y piratas vendepatrias.
Sería deseable que la crisis hiciera pensar al gobierno federal en su conjunto, y a la gestión turística en particular, que es necesario ya cambiar los paradigmas, de otra forma el bicentenario nos habrá de pillar en condiciones de desigualdad, pobreza e injusticia muy similares a las que en el centenario de1910 fueron el caldo de cultivo para la Revolución.
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