*El deterioro de los estándares de servicio en el transporte estadounidense
El transporte es, como se sabe, actividad sine qua non puede entenderse el fenómeno turístico. El siglo XX fué pletórico de desarrollo impresionante en materia de transportación turística con grandes y espectaculares realizaciones en todos los ámbitos.
La pauta fué marcada en gran medida por los logros técnicos realizados en Estados Unidos, como la aviación intercontinental y la extensión de la idea de comfort a toda la estructura turística.
Así las cosas, y durante la mayor parte del siglo pasado, abordar un avión de pasajeros constituía una agradable experiencia de servicio, en la cual las diferentes compañías aéreas buscaban literalmente “mimar” al pasajero. Ayudaba mucho al respecto la existencia de muchas líneas aéreas que competían por la preferencia del público.
Las comidas y bebidas servidas a bordo eran realmente apetecibles, los detalles de atención y buen gusto abundaban. Prácticamente se competía por dar el “plus” que marcaría la diferencia.
Todo lo anterior empezaría a ser diferente durante las últimas dos décadas del siglo XX, que trajeron consigo primero la “desregulación” del transporte aéreoy la consiguiente oligopolización del mismo. El resultado fué que los detalles y amenidades ofrecidos al pasajero poco a poco fueron haciéndose menores y cada ves más raquíticos, llegando al extremo de que ahora hay vuelos relativamente largos en los cuales no se sirve ningún alimento, mientras que las bebidas hay que pagarlas.
En el caso del transporte en autobuses de pasajeros en Estados Unidos la cosa es realmente funesta en lo concerniente al servicio: Ni siquiera puede tener uno la garantía de tener un asiento junto a nuestros acompañantes, pues los sitios ni siquiera son numerados, lo cual obliga a estar formados eternidades, sobre todo en los muy frecuentes retrasos. A eso hay que sumar que la actitud del personal y de la administración es el propio del monopolio que constituye una sóla línea nacional de autobuses. Los únicos que se salvan en este aspecto son las pocos servicios de tren de pasajeros que aún subsisten.
Sabemos que en el caso de las líneas aéreas, el proceso de ofrecer menos detalles de servicio se debió a la necesidad de disminuir los altos costos de operación, pero eso no impide que el viajero experimentado añore con nostalgia las épocas en que el transporte estadounidense marcaba internacionalmente las pautas de servicio basadas en el comfort.
Una alternativa y tendencia esperanzadora es la de algunas líneas de bajo costo que en forma muy creativa hacen convenios de “patrocinio” con diversas empresas de alimentos y bebidas, con lo cual dan la oportunidad de que los pasajeros disfruten cortesías ofrecidas y pagadas por la compañía interesada, sin que la aerolínea suba sus costos.
Ojalá que este tipo de prácticas se multiplicara en Estados Unidos y devolviera a las compañías de transporte de ése país un poco del espíritu del “jet-set”que alguna vez le caracterizó. A los pasajeros nos encantaría.
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