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Alrededor del Turismo

Ya llegó octubre. Casi tenemos encima la Navidad. Es el momento de pensar en la compra de regalos. ¿Qué tal unos rebozos de seda de San Luis Potosí? Es verdad que son caros, pero la mitad de la diversión está en ir a San Luis Potosí, y ese puede ser un regalo disfrutable que te haces a ti mismo.

 

Ahora tal vez pensarás que “San Luis Potosí” y “diversión” no caben en la misma frase. Te equivocas. La antaño aburrida ciudad provinciana ha crecido y ha cambiado. El viernes por la noche, por ejemplo, tienes para escoger entre gozar de una función de danzón en la Plaza de Armas o saludar a unos fantasmas en el cementerio local. Los cementerios están llenos de esculturas, algunas muy notables. En SLP ofrecían visitas guiadas entre los monumentos del Panteón Saucito. Alguien decidió que la visita sería más eficaz después del anochecer.

 

Aunque la llaman el “Museo Vivo,” esa es una experiencia que no se olvida pronto.

 

 

A la mañana siguiente llégate a la oficina de turismo para enterarte de lo que va a pasar en la ciudad mientras estés allí. Toma el trolebús turístico donde un guía señalará todos los sitios locales y explicará cómo SLP llegó a ser como es y de dónde le viene el nombre. Verás cuántas calles del centro histórico están cerradas al tráfico de automóviles. En otras se están excavando zanjas para poner bajo tierra cables de teléfono y de luz. Los ambulantes ya no atestan las plazas. La delincuencia, te dirán, no es un problema grave. Sin embargo, en San Luis Potosí siguen las manifestaciones, quizá para que los “chilangos” visitantes no sientan la nostalgia.

 

La globalización ha llegado a San Luis Potosí. Llegan vuelos de aviones desde Houston, Dallas y San Antonio. La carretera que conduce a la ciudad está bordeada por parques industriales cuyas fábricas tienen nombres extranjeros. Además están todos esos nuevos hoteles: Holiday Inn, Fiesta Inn, Country Inn, Garden Inn y otros. El elegante Camino Real y Westin están escondidos en zonas residenciales. En cambio, si has venido en busca de lugares panorámicos, los antiguos hoteles del centro histórico son más cómodos y, lo que es aún mejor, menos caros.

 

 

Un descanso para el almuerzo y, en vez de ceder a la tentación de una siesta (en realidad gran parte de la ciudad cierra más o menos desde la una hasta las cuatro de la tarde) detente en unos museos que son muy especiales.

 

También el almuerzo puede ser muy especial. Maravillosos y pequeños restaurantes, cafés y bistros parecen esconderse a la vuelta de cada rinconcito o en algún diminuto callejón. Tuve la gran suerte de dar con Apikus, en un primer piso, con una terraza al aire libre que domina la Plaza del Carmen. En la oficina de turismo una dama me recomendó El México de Frida, en el corazón del centro histórico, pero el modo más fácil de encontrarlo es tomar un taxi. De todos modos conviene llamar antes para reservar mesa.