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A unos escasos 30 minutos de vuelo desde Miami, el archipiélago de las Bahamas tiene la esperanza de atraer a más visitantes de México. Florida recibe millones de turistas mexicanos, pero muy pocos se aventuran a ir más lejos para probar las alegrías de Nassau, Andros, Freeport o Tortuga Verde.
Entonces ¿Qué hay ahí?
Las Bahamas son un trozo de Gran Bretaña cuyos descendientes de esclavos lo manejan hoy todo. Las islas son independientes desde 1973, pero los automóviles siguen circulando por la izquierda, el deporte nacional es el cricket y la reina es Isabel. Todo muy distinto de Florida o de México.
El idioma podría considerarse una barrera. En Miami, la fluidez en inglés no es una necesidad. En las islas Bahamas, en cambio si lo es. Y es un inglés con un marcado sonsonete caribeño.
De todos modos para quienes esto no suponga un problema, tienen su atractivo los casinos, el ir de compras y los alojamientos de lujo. Cuando Eduardo VIII, para casarse con una divorciada, abdicó la corona de rey de Inglaterra y pasó a servir como Gobernador de las Bahamas, que sin duda fue una chamba más agradable. Desde luego el clima es mejor.
Nassau, la capital, es generalmente la primera parada. Nassau se alza en New Providence, que es una isla más o menos del tamaño de Cozumel, y que tiene por vecino a su mismo lado un territorio aun más elegantizo, la Isla del Paraíso.
Hay unas 700 de esas islas desparramadas por una zona más grande que la propia Gran Bretaña. Solo 32 están habitadas, y menos de una docena tienen lugar adecuado para la estancia de un turista. Aun así, las opciones son enormes.
La cadena Four Seasons acaba de abrir un resort de lujo en Great Exuma. La Gran Bahama, que tiene un Westin y un Sheraton pegados el uno al otro, es la isla donde la cadena Ginn Clubs and Resorts tiene planes para edificar algo que llamará un nuevo Versalles en el extremo occidental de la isla. De vuelta en la Isla Paraíso, Kerzer International (que es actualmente dueña del resort One and Only Resort en Los Cabos) tiene un monumental proyecto llamado Atlantis, inspirado por la leyenda del continente perdido según la contó Platón.
Mi impresión de Atlantis fue un complejo de cinco resorts, pero estos, según me explicaron, son “niveles de acomodación”. Los precios oscilan. La tarifa para la suite presidencial es de 25,000 dólares por noche y se exige un mínimo de cuatro noches de estancia. Y según me dijeron, tal vez haya que esperar cinco años antes de conseguir espacio disponible. En cierto modo tengo la impresión de que hay bastante exageración por parte de los promotores, pero nunca se sabe.
La Isla Paraíso fue inicialmente la Isla de los Marranos, hasta que se trasladó a ella Huntington Hartford, heredero de supermercados norteamericanos, trayendo consigo un claustro agustino del siglo XII y juguetonas muchachas en bikinis. Le siguió la personalidad televisiva Merv Griffen, y ahora tenemos Atlantis. Eso por si sólo vale la pena el viaje.
Pero después de haber visto Atlantis, tenemos la tentación de echar un vistazo en algunas de las demás islas. Nassau es la más vivaz, la Gran Bahama combina la urbanización con el encanto rural y eso es sólo el comienzo. Todo mundo parece tener un favorito. Eso es otra molestia que presenta la visita a las Bahamas. Te parecerá que necesitas verlas todas para decidir cuál te gusta más.
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